Venezuelan President Hugo Chavez listens during a ceremony at the Mir

Fueron tantos los logros del Comandante, y de tal magnitud histórica, que sólo enlistarlos sería un ejercicio intelectual extenuante. El legado del Jefe es tan grande y tan formidable que incluso podríamos elegir el logro que más nos atraiga y sobre ése específicamente, escribir un libro entero, varios libros enteros. Por lo menos a mí, me gustaría mucho escribir un ensayo largo sobre su manera de interpretar el bolivarianismo: sobre esa manera tan aguda en que el Jefe realizaba las exégesis sobre los textos de Bolívar, la manera en que interpretaba la estrategia política contemporánea desde la misma perspectiva que usaba El Libertador.

Pero también me gustaría escribir largo y tendido sobre la refundación del concepto de Patria, o sobre la organización del Estado según Chávez, o la visión de Chávez de la estructura social venezolana, o la conciencia y la dignidad de los pueblos de Latinoamérica según Chávez, o la pedagogía social según Chávez, o el mundo pluripolar desde la geopolítica de Chávez, o las finanzas de las riquezas sociales según Chávez, etc. Cada tema a desarrollar, sin salirnos del estudio de los logros de Chávez, sería en si mismo el estudio de  hechos de trascendencia histórica.

Ahora bien, por sí mismo cada logro del Comandante es increíble, pero la suma de todos ellos es asombrosa. ¿Cómo en tan poco tiempo un hombre pudo innovar y revolucionar tantas y tan diversas áreas del pensamiento y la acción social? Pero hay algo que nos enmudece de emoción, el asombroso prodigio de que haya un logro en especial que eclipsa a todos los demás, incluso eclipsa a la suma de todos los demás logros, incluso eclipsa el gran logro de despertar los pueblos, y ese logro prodigioso y fantástico no es otro que el de haber hecho del Amor una práctica real y programática de la política socialista, de la praxis política real del socialismo, esa que tanto ha dado que hablar en academias y congresos, y que el Jefe cantor descifró con toda su naturalidad de hombre sencillo del pueblo.

Para entender la importancia de este aporte de Hugo Chávez al Socialismo hay que remontarnos brevemente a ciertos momentos de la historia. Recordemos primeramente que Marx y Engels escriben su obra, y sus obras individuales, en medio de un momento histórico específico, en el momento de la fundación  de las primeras organizaciones de la clase obrera. Ambos teóricos se enfrentaban a la necesidad de convencer, tanto a las vanguardias como a las masas, de la pertinencia de sus teorías, necesitaban, pues, darle un hincapié muy profundo a la parte científica y filosófica que demostrara firmemente lo que ellos estaban proponiendo.

 

LA HISTORIA ES PROTAGONISTA

Recordemos que Lenin (al igual que Rosa Luxemburgo) también se ve en la necesidad política de realizar importantes trabajos intelectuales con los que buscaba convencer y lograr la unidad necesaria de los movimientos revolucionarios de Europa a principios del Siglo XX. Es tan ardua la búsqueda que Lenin llega a convertirse en un teórico marxista de primera línea al tiempo que realiza sus impresionantes campañas revolucionarias.

En ambos casos, tanto en el de Marx y Engels, como en el de Lenin, el desarrollo de los sucesos políticos, ya sea el nacimiento de las organizaciones de clase, o la Revolución Rusa, debían cumplir el requisito de tener portentosas razones de convencimiento para lograr sus objetivos plenamente, en tiempos en que no era fácil comprender qué era propiamente el capitalismo, y mucho menos que era el socialismo. Fue necesario, en aquel entonces, que el Socialismo se vistiera con ropajes de ciencia, de filosofía, de matemáticas, etc.

Más tarde, a mitad del siglo XX, el Socialismo se ve enfrentado a resistir a los más horribles y atroces actos, en Europa se sobrevienen las terribles guerras contra los comunistas, las matanzas de Hitler, Mussolini y Franco, la represión en Grecia, la resistencia en Yugoslavia, etc. En África y América Latina  ocurren las brutales dictaduras de los años 50, época de importantes expansiones del capitalismo en ambos continentes, con el asesinato y la tortura a los militantes de izquierda como principal arma. Posteriormente el mundo será testigo de las distintas guerras revolucionarias y populares de las guerrillas de los años 60, verá a América arder, a África arder. Derrotados los pueblos, la década de los 70 será la de las más atroces represiones.  Durante esas mismas décadas, los pueblos de Asia son víctimas de matanzas, invasiones, exterminios, resistencia y victoria.

En esta segunda mitad del Siglo XX el principal motor de reflexión del Socialismo apunta hacia el tema de la lucha de los pueblos. Mariátegui, Gramcsi, el Che y Fidel Castro con el Hombre Nuevo que había de levantarse a luchar; Mao, Ho Chi Minh, Stalin, Lumumba, Carlos Fonseca, Fidel de nuevo, el Che de nuevo, pelean, luchan, se vuelcan épicamente a  desarrollar estrategias y tácticas para lograr grandes victorias o sufrir terribles derrotas. El socialismo entonces es un socialismo en reflexión sobre el imperialismo, sobre las tácticas de lucha de clases, sobre la revolución como fenómeno militar-popular, sobre su desarrollo político en medio de un mundo en guerra, donde vencer era la única opción posible, la derrota significaba enfrentarse a genocidios.

Al final de los años 70 las múltiples derrotas, y el evidente desgaste de la utopía en el Bloque Soviético, llevan al Socialismo a volverse sobre sí mismo y reflexionar sobre los conceptos más complicados y extravagantes de la filosofía, un socialismo contemplativo, depresivo, decadente, que estudia el discurso social desde el desencanto pequeño burgués de la academia europea, hasta llegar al socialismo de los años 80 y 90 que apoya el papel de la OTAN como árbitro internacional, pero eso ya no se podía llamar socialismo.

Al final del siglo XX sólo quedaba la pequeña y gigante Cuba, que recomponía su acción en base a la súpervivencia del colectivo, dentro de las peores condiciones de aislamiento, basándose puramente la planificación solidaria de los pocos recursos a los que puede acceder.

 

NUEVOS CAMBIOS

Estaba Cuba resistiendo cuando en ese momento surge Hugo Chávez, y tras de sí el pueblo de Venezuela, y comienzan a inventarse en estas tierras un sin fin de nuevas variantes temáticas sobre el socialismo. Surge el Socialismo Bolivariano, y el Comandante se pone a hablar de Bolívar como líder socialista, y de un tal Jesús que era socialista, y de un Fidel Castro que había aceptado ser cristiano en lo social, y surge el Bolivarianismo como praxis del cuido amoroso que la sociedad se debe a sí misma, poniendo como prioridad el cuidado de aquellos que más lo necesitan, ya sean los pobres, o los ancianos, o los carajitos y sus escuelas, incluso surge la organización de los pobres en Consejos y Asambleas para que ellos mismos sean el motor de la superación de la pobreza. Todo ello conformando una serie de postulados teóricos que el Comandante no escribió desde la ciencia o desde la filosofía o la lingüística, ni siquiera se vio en la necesidad de hacerlo, sino que fueron surgiendo, de su gran genio y de su entrañable relación con el pueblo. De un genio que enseñaba y de un pueblo que lo acompañaba lealmente.

El Comandante Chávez realizó un cambio fundamental en la estrategia revolucionaria, que significará para siempre un antes y un después en las luchas de los movimientos revolucionarios del mundo, el Comandante buscó la manera más expedita de auxiliar al pueblo sufriente, como él mismo lo llamaba. En esa línea de acción programática el Jefe podia permitir todo, todo tipo de alianzas tácticas, todo tipo de planes, todo tipo de políticas. Todas sus políticas en el fondo estaban diseñadas para ir directamente al pobre y llevarle comida, atención médica, posibilidad de vivir un poco mejor, posibilidad de ser reconocido como ciudadano pleno de derechos. Luego, posterior a poder atender las necesidades primarias es que se lanza a la construcción del socialismo como modelo verdaderamente estructurado, tarea que nos quedó de herencia. Así pues, si para ayudar al sufriente hay que tomar el poder, pues se hace, por la vía más clara, sean las armas en el 92, sea la vía electoral en el 98. El proceso para llegar al poder no es en si lo que importa, lo importante es poder dar bienestar, amor, solidaridad. Si para dar amor hay que trabajar con empresas privadas, se hace, aunque en el fondo se desee y se planifique una economía socializada; si en el camino hay que aliarse con el vecino incómodo, hay que hacerlo, para poder garantizar paz, aunque se desee una América Latina libre de mafiosos y criminales; si en el camino aún no se ha definido el tipo de modelo político que deseamos construir, podemos discutirlo pacientemente, pero jamás de los jamases, nunca, se puede tener paciencia en llevar comida a los niños, en dar auxilio al anciano, en dar la mano a quien está sufriendo, eso, para el socialismo de Chávez es la condición socialista en si misma: el ser socialista es el de dar amor a los hombres y mujeres que lo requieren, es enseñar, es ayudar, es tener vergüenza ante la injusticia y no descansar hasta haberla corregido. El socialismo con Chávez se vistió de coraje, humildad y amor de pueblo sufriente.

Y es que la relación entre Chávez y su pueblo, su pueblo pobre y su pueblo en armas, permitió que él no tuviera que volverse economista, ni filósofo, ni matemático (aunque  era un tigre en todas esas disciplinas y era un pedagogo en acto, un docente) pero no se vio en la necesidad de escribir una biblioteca como la que tuvo que escribir Lenin, porque para Chávez bastaba con hablarnos de cosas muy prácticas y muy entendibles, como cuando hablaba con los niños y hablaba en el idioma de ellos. El no necesitaba grandes libros, aunque le gustaban, y muchas veces nos invitó a leer filosofía  economía, historia, para que creciéramos  pero no siempre era necesario, porque todos entendemos que hay que tener doctores, universidades, siembras, escuelas, cuarteles, fabricas. Nos convocaba a pensar sobre las cosas más básicas de la vida en sociedad, la producción de alimentos, la crianza de los hijos, y como de eso todos sabemos, como él confiaba en nuestro criterio, pues solo le bastaba con contarnos lo que quería hacer, lo que se le había ocurrido hacer, le bastaba con ponerse serio, hablar con tono de líder, o relajarse y ponerse a dar ejemplos, o anécdotas, o canciones, o chistes, o regaños ejemplarizantes, siempre con su bellísima vocación de maestro.

Cuando no parecíamos del todo convencidos de sus ideas, nos hacía un recuento de la historia de la revolución, nos decía que era importante ver de dónde veníamos para comprender el tiempo actual, y así nos iba explicando a qué siguiente paso deberíamos proyectarnos. Más que convencernos, el Jefe nos alineaba a todos hacia objetivos específicos, nos volvía pueblo en campaña, nos hacía solidarizarnos con aquello que había planificado.

Esa relación se fue volviendo con los años casi axiomática, cada día necesitábamos menos esfuerzo de su parte en lo pedagógico, porque él confiaba mucho en nosotros, y nosotros mucho en él. Hasta que, en estos últimos años, la relación pasó al plano más afectivo posible, sabiendo el Jefe cómo motorizar la felicidad social, y sabiendo el pueblo cómo responderle cada día con más disciplina, más conciencia, más trabajo, más paciencia y sobre todo más unidad, o sea, más patria.

 

O MÁS QUE AMOR: FRENESÍ

He aquí que, llegados a esa etapa, el mismo Comandante empezó a pregonar que la Revolución Bolivariana se había convertido en la Revolución del Amor. Y no era un amor pendejo, de besitos fingidos y afiches clientelares, no era politiquería de abrazos a viejitas y cargaditas de bebés, sino una verdadera praxis del amor, un amor fundamental, un amor que participa activamente del dinamismo de la sociedad revolucionaria. La consigna económica del Jefe se convirtió en “Amor con Amor se paga”.

Y es bien cierto que Hugo Chávez era una personalidad carismática, pero quedarnos en esa estrecha forma de verlo sería perdernos de su mayor logro: su manera de construir una red social de amorosa de confianza. Comenzó con aquel tino de lanzar una discusión sobre la sociedad, aquella épica constituyente que derivó en la Constitución Bolivariana que siempre llevaba en el bolsillo, luego al lanzar Aló Presidente y permitirnos ver transparentemente cómo funcionaba el gobierno y sus actores, sus diversas medidas para que pudieramos acceder a la comida, su alegría al enterarse que había aumentado la talla del venezolano, su empeño constante en que tuvieramos conciencia de las riquezas y su uso soberano, y sobre todo su esfuerzo monumental por educarnos él mismo, a pulso, en temas como geopolítica, historia, teoría social, economía, etc; además su estrategia firme de inagurar espacios de participación popular, su cuidado paternal a que nos sintiéramos en libertad de tomar decisiones en nuestra propia tierra, su eterno canto de amor por la patria, todo ello que sumado nos fue configurando a que muy sanamente cofiáramos en él, en nosotros mismos y en los demás, en nuestra fuerza de pueblo unido, y eso nos fue conduciendo hacia un punto que ninguno imaginábamos: un gran amor colectivo.

Y el Jefe agarró ese amor, y lo volvió en nuevos y más eficientes esfuerzos, porque quería que más pronto que tarde viviéramos bien, y el pueblo agarró ese amor y salió a construir viviendas, y el Jefe con más amor lanzó más y más planes, cada uno de ellos en relación a alguna preocupación propia de aquellos que aman la vida, y el pueblo se volcó a un frenesí, como a Hugo le gustaba decir, a una devoción sin igual que trasciende todo paradigma anterior que pudimos haber tenido en la política.

No es falso lo del carisma, o lo de la relación natural de amor en el pueblo y Hugo, ciertamente mucho de ese amor se dio porque Hugo Chávez era un hombre muy del pueblo, y el pueblo lo sintió muy suyo desde la primera vez que habló en televisión aquel 4F eterno. Pero la mayor parte de ese amor siempre estuvo basado en que Hugo Chávez hacia el bien a quienes más lo necesitaban. Para el Jefe esa practica estaba basada en la palabra de Cristo, y relacionó a Jesus con el socialismo científico, así a veces llamaba al pueblo a hacer esfuerzos por los más pobres desde valores morales cristianos, otras veces desde postulados del materialismo histórico, y en las más, simplemente lo atribuía a la razón de ser de la Revolución Bolivariana en si misma. El hecho de facto es que a cada acción de genuino amor a la vida y de genuina preocupación por el ser humano necesitado, el proceso revolucionario iba cogiendo fuerza, forma, vigor, y por lo tanto institucionalidad, estabilidad, capacidad de avance, etc. El gesto amoroso, el acto de dar, el compromiso de sanar y mejorar la vida, se volvieron praxis, prácticas primordiales, necesarias, imprescindibles, se convirtieron en el basamento, en la viga principal, la estructura misma de la esencia socialista, revolucionaria y bolivariana. El amor por la patria, el amor por los pobres, el amor por los pueblos, eran los que dictaban la forma de repartir los fondos soberanos que guardaba el Jefe “bajo el colchón”, el amor era la guía de la planificación estratégica, el amor era el objetivo que aglutinaba toda la política del Estado bajo el liderazgo del Comandante Chávez, quien no tenía ojos sino para  su pueblo, (y sus hijas y sus nietos) y el pueblo respondía siempre con alegría a registrarse en planes, o fundar partidos, o a hacer y rehacer una y otra vez las estructuras del Poder Popular, y una y otra vez a votar, y una y otra vez a demoler las tramoyas vulgares y ofensivas de la oligarquía decadente.

Este encuentro amoroso entre Hugo Chávez y el pueblo venezolano hace que el Socialismo actual se encuentre ante miles de posibilidades futuras, no solo el Socialismo que estamos construyendo aquí en la tierra de Chávez, sino el socialismo como alternativa principal de los pueblos mundo, alternativa revolucionaria  a los realidades tan oscuras, sanguinarias y desoladoras como las que impone el capital.

 

UNA NUEVA FÓRMULA

Hoy en día en Venezuela no somos socialistas porque Foucault dijo tal o cual frase  sobre las palabras y las cosas, ni lo somos porque se  demostró que el espíritu de Hegel no era sino el tiempo histórico del modo de producción, no lo somos tampoco porque el hombre nuevo se forjará en la guerra de guerrillas, ni porque la clase obrera nos liberará de toda infamia. Sin negar nada de eso, sin crear un dogma absoluto, el Comandante Chávez nos fue enseñando que somos socialistas porque es la vía amorosa de resolución de los problemas que nos plantea el futuro.

El Jefe además, logra que nos volvamos militantes combativos de la causa del amor, y lo lográ sin en ningún momento caer en cursilerías del new age, ni en hippismo snobista alguno, Chávez plantea la necesidad de una sociedad amorosa desde la perspectiva de la lucha de clases, desde el derecho a la rebelión, desde, literalmente, la torreta de un tanque de guerra. El Comandante Chávez nos va enseñando como el ejercicio del amor es un derecho que se conquista peleando, un derecho que adquirimos solo si somos capaces de defendernos contra todos si a todos fuera necesario derrotar, un derecho que ganamos cuando somos capaces de vencer, una y otra vez, sin jamás darle al enemigo la minima posibilidad de derrotarnos. Todo lo que merezca ser amado,  debe serlo, si la patria merece ser amada, pues es necesario derrotar a quien nos lo impide.

Nuestro amado Presidente nos mostró un mundo donde socialismo quiere decir: lucha por el amor a la humanidad. Donde Cristo quiere decir: lucha por el amor a la igualdad. Donde Bolívar quiere decir: lucha por el amor a la patria. Donde política quiere decir: lucha por amor a la libertad. Donde Revolución quiere decir: unidad y amor para lograr la victoria.

Una forma sencilla, popular y humana de entender una Revolución, que renueva para siempre el concepto mismo de Revolución, que renueva el sentido de la lucha por la felicidad social del ser humano, que da nuevos y frescos aires a los pueblos para luchar por su libertad y su soberanía.

La nueva fórmula que creó Hugo Chávez con su pueblo permite que relancemos al mundo la opción Socialista, permite que podamos salir por el mundo a llevar la buena nueva: en Venezuela un hombre humilde, un soldado, un arañero, fundó una Revolución basada en hacer el bien al que más lo requiere, en cuidar la vida, en dar poder a todos para que puedan resolver sus problemas, basada en amar la patria colectivamente para que así todos seamos más supremamente felices. En el mundo actual la Revolución Bolivariana es, sin duda alguna, la propuesta más completa que tienen los pueblos para superar la corriente de la muerte que el capitalismo les impone, sobre todo a los pueblos del sur.

Digámosles a todos ellos que el Socialismo ha vuelto a nacer, que Hugo Chávez nos lo trajo, y nos dio el secreto fundamental para que funcione, digámosle a todos los pueblos del mundo que la Revolución Bolivariana es, simplemente: un frenesí de amor que lucha por la suprema felicidad del pueblo.

Gracias eterno Hugo por renovar la fe en el ser humano desde la humildad del hombre bueno. Gracias por darle al mundo una nueva oportunidad, y por haber dejado tu vida en ese empeño. Gracias amigo por tan bello regalo que te llena del bien más preciado que puede tener un bolivariano: la gloria eterna que te rinde tu patria.

IVÁN MAIZA

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