Bueno, es difícil explicar este mini ‘descubrimiento’ artístico. No porque carezca de importancia o porque su complejidad no esté en los cánones de los que “presuntamente” saben de arte. Es por algo más intenso y por lo que representa, es cómo verse a uno mismo, detallar el efecto positivo o negativo de lo que comemos. Incluso podría ser a la inversa, y una forma de exteriorizar cómo la propia inercia humana tiene sus efectos inherentes a esa falta de sudor de algunos que huyen de la actividad cotidiana.

En fin, me refiero al trabajo de la artista francesa, radicada en París, Mathilde Roussel Giraudy. De acuerdo a su página web, “Roussel busca encontrar la forma, el color y la dimensión de nuestro paisaje mental”. A través de sus exploraciones, la artista cuestiona el tiempo humano y vegetal. Su trabajo se convierte en un mapa de nuestro cuerpo, una anatomía del tiempo y el espacio que ocupamos en nuestra frágil presencia en el mundo.

El proyecto se llama “Life of Grass” (Grama de Vida)
Su trabajo consiste en asombrosas esculturas de estructura de metal reciclado, rellenas de tierra y semillas que eventualmente se convierten en verde pasto
Las esculturas son antropomorfas y se encuentran suspendidas en el aire o sobre el suelo
Según Mathilde, somos lo que comemos, y cada una de las cosas que ingresan a nuestro sistema forma parte de nuestra esencia humana
Su trabajo intenta despertar la conciencia en cuanto a la relación del ser humano y su fuente de energía vital
Adicionalmente, tiene como objetivo crear una conexión espiritual, mental y física con la realidad actual en la cual, existe una desigualdad alimenticia notable
Roussel se inspira en el Dios de la mitología Egipcia Osiris al que se le confería la virtud de la renovación y la eternidad mediante la reencarnación espiritual en la tierra
La artista, de niña, vivía en zonas rurales de Francia, donde aprendió los valores de la conservación, así como también desarrolló una fuerte conexión con la tierra
Roussel explica en su espacio web que: “El mundo natural, como alimento ingerido se convierte en un componente del ser humano”
Para Roussel-Giraudy, “el poder interior afecta a todos los órganos de nuestro cuerpo, por lo que observar la naturaleza que nos rodea y ser conscientes de aquello que comemos y cómo los ingerimos, nos hace más sensibles a los ciclos de los alimentos en el mundo – de la abundancia, del hambre – y nos permite estar física, intelectual y espiritualmente vinculados a una realidad global”

Fuente: www.mathilderoussel.com/

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